miércoles, 13 de abril de 2016

El hijo de Saul (2015) - Lazlo Nemes

En un ámbito en el que cada movimiento es decidido para sobrevivir o pergeñar una huida, Saul Auslander tiene otra idea en la cabeza: busca un rabino. En un lugar en el que se habla en susurros y la cercanía con la muerte rompe con cualquier atisbo de sentimiento, Saul trata a toda costa y contra todas las circunstancias de conseguir su objetivo. El espectador vive intensamente lo que siente el protagonista gracias a una cámara en mano que se posiciona en las espaldas mismas de él a la manera de los Hermanos Dardenne. 
Alrededor de dicha cámara, en segundo plano, y usando fuera de foco se produce todo el horror que no se ve. Se vislumbra, se adivina y se sufre además gracias a un trabajo de edición de sonido magistral más poderoso que cualquier imagen.
El terror con el que cada personaje vive provoca una atmósfera amoral que nos involucra desde el inicio de la película. Todo ocurre de manera inesperada y vertiginosa en medio de un caos infernal en una escenografía no habitual en las películas sobre campos de concentración: las verdaderas instalaciones de Auschwitz con un despliegue descomunal. 
Geza Rohrig es propietario de una expresividad ideal comparable con Giancarlo Gianini en Pasqualino Siete Bellezas.
El film ha recibido 84 nominaciones ganando 47 dellos incluyendo el Oscar y Golden Globe 2016 a película en idioma no inglés y Cannes2015 (FIPRESCI y Jurado) para el director.
Ver el hijo de Saul es una experiencia agobiante y tiene que ver con la forma, no con el fondo.

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